Soundsystem Guerrilla

abril 9, 2012

Soundsystem Guerrilla – Track 01 – Intro

La primera sesión se centrará sobre todo en entender el sound system como plataforma de comunicación y espacio relacional; el papel político que puede desarrollar en estrategias de reivindicación del espacio público y su características de catalizador de apropiación y autogestión de los recursos urbanos por parte de los ciudadanos.

El sound system llena los vacíos que los canales convencionales de transmisión como la radio suponen, ya que estos trabajan desde cierto elitismo en las políticas de emisión, determinados por un mercado y por una industria. Los sound systems, por el contrario,  gozan  de autonomía suficiente para difundir otros productos no solo más locales sino mas asequibles para quienes los producen, así puedes estar bailando la música que produce tu vecino o tu primo.

En esta parte teórica se hará un recorrido por ejemplos procedentes de contextos geográficos y culturales distintos: la historia del fenómeno, sus características más importantes y algunos ejemplos prácticos que puedan estimular la parte operativa del taller.

Viérnes 13

h 19.00 Presentación de los contenidos del taller – sesión audiovisual: proyección de extractos de documentales

Sábado 14

h 16.00 – h 20.00

Ponencias

-Soundsystems caribeños (Mauro Benavides)

-Guerrilla Soundsystem (Todo por la Praxis)

-Artistas invitados

Inscripciones

http://www.mataderomadrid.org/ficha/1475/soundsystem-guerrilla.html

Referencias

http://populardelujo.wordpress.com/2011/01/12/picoterismo-para-dummies/

http://www.mediafire.com/?4rsbmtx14qqrb6t

¿Ahora que la revolución ha empezado, me puedo hacer una barbacoa en Sol?

enero 29, 2012

O microescala de la revolución urbanística.

Ante facto 1.
Hace un par de días, una amiga me ha sugerido la lectura de un artículo que Daniel Serrano publicó en El País el mayo pasado. En ello tomaba unas prudentes distancias respecto al (entonces) recién nacido movimiento 15M, citando una frase sacada de Up Patriots to Arms de Battiato:

“las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía que crea falsos mitos de progreso”.

He tenido un mural con esta frase pintada durante años cerca de mi casa, en el pueblo donde vivía con mis padres. Se extendía a lo largo de una decena de metros y siempre me ha parecido muy esnobista, con ese estilo aristócrata que a veces Battiato ostenta. Además lo considero uno de los versos más anti-musicales de la historia del pop de cantautor.

Ante facto 2.
Ayer estaba leyendo unos artículos sobre la revuelta egipcia.
Uno, escrito el año pasado por Mohamed Elshahed, evidenciaba como la protesta estaba siendo antes que todo una reconquista del espacio público por parte de los ciudadanos. Describía un enfrentamiento campal difuso, en el que la toma física de Plaza Tahrir había permitido el fortalecimiento de esas redes de relaciones necesarias para que la revolución fuera posible.

Visto que desde aquí durante los últimos meses hemos tenido la idea que toda la Primavera Arabe ha sido un milagro producido por Twitter, me parecía extremadamente inspirador leer como la ocupación permanente de la plaza, con la venta informal que se desarrolló a su alrededor había sido una especie de vanguardia de normalidad contrapuesta a los delirios represores del régimen.

La anécdota de las vallas de protección que impedían el acceso a la plaza recicladas como barricadas por parte de los manifestantes, me pareció otra heroica demostración del poder de la reapropiación ciudadana de los recursos urbanos.

(En Junio, con TXP, expusimos una pieza en Espacio Trapecio que hablaba de eso).
 

El segundo artículo es de estos días, y hace un pequeño balance de “la lucha por el espacio público” después de un año de revolución (y contrarrevolución), describiendo una suerte de tensión entre el valor simbólico que las plazas han tomado, y su uso cotidiano cómo espacios públicos normales (o como unos espacios públicos normales deberían ser): “For the first time in years, squares across the country became real public spaces, places in which citizens can meet to protest, share ideas, cooperate, make art, sing, chant and discuss.”

De hecho, Naira Antoun dice: “Sometimes it is forgotten that Tahrir Square is a symbol of the revolution, and while it was certainly the revolution’s physical epicentre, it was not and is not the revolution itself.”

Otra vez se me ocurre que, probablemente, la revolución real se hace al día siguiente de la revolución, y a lo mejor es por eso que podemos citar tan pocas revoluciones bien logradas, si incluimos también las –habituales- fases de reflujo conservador y de autoritarismo que las siguen.

Ante facto 3.
En las semanas pasadas Paisaje Transversal ha lanzado una propuesta en la red, para que las plazas del 15M participen al Premio Europeo del Espacio Público 2012. Han organizado una plataforma de soporte técnico para los ciudadanos que quieran organizar la participación de su plaza al concurso.

Unos días después Contraindicaciónes levantaba una duda sobre la oportunidad de esta propuesta: si la toma de plazas ha sido una práctica de crítica a un cierto sistema, es útil pedir al mismo sistema que la legitime premiándola?
El artículo de Contraindicaciones afirma:

“La propuesta de presentación de ocupación de la plazas a los Premio Europeo del Espacio Público Urbano resulta confusa y contradictoria. Este certamen esta dirigido a legitimar obras convencionales que consolidan el modelo de diseño urbano, usando como baremos habituales los lugares comunes de la arquitectura contemporánea: sostenibilidad, participación, etc. Por lo que la propuesta de presentación resulta sorprendente ya que se alinea con el discurso oficialista, en el que impera el cinismo de las buenas prácticas, aunque de facto el modelo de actuación sigue siendo el mismo.”

Es decir, en síntesis, que Battiato podría estar en lo cierto.
Porque, incluso con todo el animo más integrador del mundo, no podemos no preocuparnos cuando la imagen de las asambleas del 15M se convierte en un icono tan asumido por la sociedad que ya se puede explotar en campañas publicitarias (Movistar, Cocacola).

Pocket revolution.
¿Es posible que después de tanto colectivismo, de tanta colaboración y de tanta lucha no se haya conseguido más que convertir la protesta en algo institucionalmente aceptado y reconocido como inocuo?

Quiero decir: ¿es posible que estemos desarrollando una agorafilia que nos impone hacer colectiva cada reivindicación personal, y que de esta forma la desactiva?
Raoul Vaneigem, que cito bastante a mi pesar (tengo que confesar que, a veces, los Situacionistas me han parecido unos insoportables puretas) decía:

“La ilusión que un hombre mantiene sobre sí mismo y sobre los demás no es básicamente distinta de la ilusión que grupos, clases o partidos alimentan en torno a sí y en sí mismos. Más aún, surgen de una única fuente: las ideas dominantes, que son las ideas de la clase dominante, incluso bajo su forma antagónica.”

Porque la toma de plazas de Madrid del último año, probablemente, no ha hecho más que añadir el “hacer asamblea” a la (corta) lista de actividades admitidas en el espacio público, pero no ha producido todavía una definitiva admisión del ejercicio de la diversidad en las plazas.
Es más, la línea represiva adoptada por el ayuntamiento de Madrid sigue más firme que nunca. Pregúntalo a las comunidades migrantes en la periferia de Madrid.

Empieza a parecer que cuando un acto de protesta se mueve del territorio práctico al simbólico, cuando adquiere un horizonte nacional y global,  el proceso de abstracción al que se somete en vez de fortalecerlo puede desactivarlo. Sobre todo si hablamos de uso del espacio público.
El epicentro de una lucha se convierte en símbolo e, inmediatamente, en logo. En una imagen banalizada sin demasiados significados.
Y si es como decía Barthes, que desde que hay sociedad, cada acto se convierte en símbolo de dicho acto, pues, hay que cambiar de estrategia.

De hecho, es una victoria bien triste, si puedo ejercer mi derecho al uso libre de una plaza si lo hago con 15.000 personas, pero no lo puedo hacer con mis tres amigos. Sería como poder usar la bici solo en los jueves de Bici Crítica.

La reconquista del espacio público en Madrid, así como en El Cairo, está bien encaminada pero está muy lejos de cumplirse, porque debe ser una reconquista individual y antagonista, no un ejercicio de ecumenismo colectivo. Se hace con una barbacoa, con una radio, con una cerveza y no únicamente con pancartas.
Como dice Vaneigem en su frase más famosa:

“Los que hablan de revolución y de lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin comprender lo que hay de subversivo en el amor y de positivo en el rechazo de las obligaciones, tienen un cadáver en la boca.”

Epílogo 1.
Cómo ejemplo de ejercicio de libertades individuales a través de actividades colectivas se me ocurrió el tema del Flashmob. Un día estaba hablando con un amigo que acababa de descubrir la existencia del concepto, porque en su empresa hicieron uno para estimular el community spirit entre trabajadores. Mi amigo se indignó.

Hace dos semanas, Improv Everywhere, que más o menos ha inventado todo este asunto, ha celebrado mundialmente el “No pants subway ride 2012”.
Unos centenares de personas se quitan los pantalones y cogen el metro haciendo como si nada. Lo hacen cada año.

Lo hacen en Barcelona también (no tengo noticias de Madrid), donde se recibe con curiosidad y comentarios divertidos. En una ciudad que hace un año prohibió el andar “desnudo o semidesnudo” por la calle, este tipo de actividad no se considera una reivindicación política.

Cuando mi amigo me pregunto explicaciones sobre “esta cosa del Flashmob” intenté defenderlo como acto performático de grupo. Hoy creo que lo debería definir de forma distinta:
“un Flashmob es un acto en el que, a través de una masa crítica de participantes, disimulamos un comportamiento divergente disfrazándolo de normal, y así lo hacemos inocuo”.

Yo siempre he sido un fan (avergonzado) de Remi Gaillard, que es un macarra francés que se dedica a un Flashmobbing políticamente incorrecto e individual. Esta práctica la puedes llamar también “broma”.
Fundamentalmente toca los huevos a alguien haciéndose grabar y lo cuelga en Youtube.

La inteligencia -no demasiado sutil- de lo que hace, si la quieres ver, la puedes encontrar en este video: su única actuación colectiva.

Epílogo 2.
El jueves, en un talk show político en Italia, Antonello Pirotto, un obrero de una empresa en ERE (y sardo, además) que discutía con el ex ministro de justicia Castelli (Lega Nord), de repente lo ha amenazado delante de millones de personas:

“Castelli, a mí no me toques los cojones!”.

El ex ministro ha abandonado el estudio televisivo.

Cuando hablamos de algo complejo, siempre intentamos buscar ejemplos o metáforas que lo simplifiquen. Lo que ha pasado este jueves yo lo considero una conquista ciudadana de un espacio público a daño de un poder opresor, a través del ejercicio de una libertad individual.

Y ahora, hables Italiano o no, disfruta del video.

Reconquistar el espacio público.

noviembre 25, 2011

Desde hace casi seis meses, con TXP estamos trabajando en el proyecto Banco Guerrilla. Ahora que nos estamos acercando a su final/nuevo principio os cuento algo.

Banco Guerrilla es una plataforma para la reconquista popular del espacio público, de su rol social como lugar de encuentro y de territorio para la expresión y el ejercicio de las diversidades.

Frente a un sistema de reglas que restringe al mínimo las prácticas admitidas en las calle, y a un verdadero ataque urbanístico en contra de bancos y espacios de reunión en la ciudad, BG se propone desarrollar un rol de agitación y fomento de nuevas dinámicas de apropiación y uso de los espacios públicos.

El proyecto, en desarrollo en El Ranchito desde julio 2011, se basa en un trabajo de investigación y exploración de los espacios de ocupación temporal por parte de los ciudadanos, y de colaboración con “comunidades de usos” para potenciar y dignificar sus prácticas a través de la producción de mobiliario urbano y de un hardware que permita una mejor interacción entre usuarios e infraestructura de la ciudad.

1. Se realizan acciones e intervenciones efímeras, basadas en el efecto sorpresa. Se rechaza el enfrentamiento frontal y directo a favor de la detonación de pequeños y distribuidos focos de reflexión.

2. Es una actividad contextual, procesual y colaborativa, basada en la cooperación con las comunidades activas en el lugar de acción y en el intercambio de ideas.

3. Las acciones se basan en el conocimiento profundo del ambiente en el que se desarrollan. Son una expresión de su identidad y sus instancias.

4. No existe una poética, ni una estética rigurosa. Cualquier solución técnica o material vale. Las armas de la Banco Guerrilla deben ser sencillas, fácilmente transportables y montables.

5. El Banco Guerrilla no es un ejército, sino una praxis. Tiene la ambición de ramificarse y extenderse a células independientes en todo el territorio ocupado.

6. Los objetivos del BG! son múltiples y diversos, en cada lugar existen peculiares y únicas causas para el conflicto.

7. El enemigo no es un objetivo, sino una contingencia. El Banco Guerrilla es una práctica de propuesta y construcción, no de defensa ni de enfrentamiento a un ejercito hostil.

8. Las campañas del BG! no siguen ninguna linealidad: no están dirigidas a la conquista de un territorio, se desarrollan espontáneamente según las emergencias de cada contexto.

9. El BG! apuesta por la visibilización del conflicto: las herramientas y el lenguaje de la comunicación, del arte urbano, de la publicidad son unas de sus principales armas. Usa el símbolo, la metáfora, juega con la cultura popular de masa para extender la guerrilla.

10. El BG! es una práctica lúdica, experimental y de acción directa.

A raíz de un trimestre de exploración e investigación de los usos ciudadanos del espacio público en Madrid, se han escogido cinco temas de trabajo y experimentación:

Comercio informal.

El comercio informal ambulante por la ciudad, normalmente obstaculizado y muchas veces reprimido por los poderes públicos, puede en muchos casos constituir un valioso ejemplo para modelos de mercado de escala más sostenible y de interacción ciudadana más horizontal.

Nos interesa poner en valor y potenciar otras formas de intercambio de productos o servicios como el trueque, la venta de segunda mano o la producción artesanal.

Estos ejemplos, frecuentemente relegados a los márgenes de la legalidad representan sin embargo importantes experiencias de decrecimiento, mejor aprovechamiento de los recursos y reutilización de los objetos.

Deporte informal.

El poder socializador del deporte se potencia sobre todo cuando se sale de los polideportivos oficiales, y plazas y calles se convierten en canchas para una actividad lúdica capaz de establecer lazos, generar apropiación de espacios y sentido de pertenencia entre los ciudadanos.

Nos interesa potenciar la posibilidad para ciudadanos de distintas edades de recuperar la ciudad como territorio de juego y deporte, sin que estas actividades tengan que aislarse del resto de la sociedad urbana encerrándose dentro de instalaciones especializadas.

Encuentro

El encuentro entre vecinos en el espacio público es una de las actividades más primordiales en las sociedades urbanas, y una de las actualmente más obstaculizadas.

En los últimos meses, en Madrid hemos vivido una nueva estación de asambleas de barrio, de debates entre ciudadanos que han tomado los espacios públicos de la ciudad generando nuevas comunidades y nuevas relaciones en los barrios.

Cocina sobre ruedas. (Foto: Salvi Vivancos)

Fiesta popular

Hablando de fiesta, queremos definir todos esos eventos, más o menos frecuentes, en el que los ciudadanos ocupan el espacio público como lugar de ocio. A pesar del nivel de organización, de la presencia de contenidos culturales o menos, del consumo de comida o bebida, estos eventos tienen un denominador común fundamental en su posibilidad de ser catalizadores de relaciones entre ciudadanos e impulsores de un sentido comunitario a través del aspecto lúdico y festivo.

Solares autogestionados

Los solares autogestionados son nuevas fronteras de oportunidad en los cascos urbanos consolidados.

En una fase de hibernación inmobiliaria como la que estamos conociendo, estos espacios del abandono se convierten en inesperadas infraestructuras para el desarrollo de actividades temporales.

Hasta el pasado más reciente, las prácticas desarrolladas en estos territorios estaban vinculadas a las prácticas de ocupación. Pero en la actualidad existe una corriente en la que se están experimentando procesos de cesión temporal de solares públicos a asociaciones y movimientos sociales.

Plug-in cities

marzo 8, 2011

Hace un par de meses escribí un pequeño post para La Ciudad Viva, que intentaba sugerir la idea de una capa intermedia, híbrida y efímera donde desarrollar acciones de transformación urbana y mediación entre individuo y espacio construido.
Proponía una idea de parasitismo, de invasión viral que aprovecha los relictos de la hipertrofia urbana para introducir nuevos usos y significados.
El post hablaba de “una ciudad-hardware en la que se instalan como periféricas esas actividades capaces de encontrar los invisibles puertos USB del ambiente urbano”.
Me refería a un trabajo de Tinyness,
cuyo ámbito de acción no son las grandes parcelas, sino espacios residuales y esquinas anónimas en los barrios, a través de los cuales, sin embargo, se puede revolucionar la ciudad.

Dead Drops, el proyecto del artista Berlinés Aram Bartholl, cumple el primer paso hacia una Plug-In City en la que lo construido no es más que el soporte sobre el que se desarrollan prácticas de encuentro e intercambio anónimas.
Dead Drops consiste en la instalación de pendrives USB en intersticios de las ciudades, para generar el primer sistema de intercambio P2P offline anclado al espacio físico.

Hay uno en Madrid, en Calle del Sombrerete 15, al lado de la biblioteca.

Guerrilla Bench

febrero 28, 2011

 



En el 2008, en Valparaíso (Chile) en la vigilia de una importante manifestación, todo el mobiliario del centro de la ciudad fue desinstalado para que no fuese usado como arma o para formar barricadas. (Lee la noticia)

El estudio de diseño alemán Rugwind, probablemente sin conocer los sucesos, ha encontrado la solución para que hechos parecidos no se repitan. (Rugwind)

Si desaparece el espacio público, desaparece el público.

febrero 25, 2011

Según Rebecca Solnit sólo los ciudadanos que tienen familiaridad con su ciudad como territorio simbólico y como territorio práctico pueden ser capaces de ejercer un verdadero control social. Cuando se limita el derecho de reunirse a través de la generación de espacios incómodos o a través del fomento del uso del coche o de otros factores, difícilmente se consideran violados los derechos civiles básicos.

En cambio, como afirma la escritora estadounidense, cuando se eliminan o se reducen los espacios público, lo que se está eliminando es el público: el individuo deja de ser un ciudadano capaz de actuar en comunidad.

 

¿Sueñan las ciudades con ovejas de hormigón?

enero 11, 2011

Hoy las ciudades sueñan con otras ciudades, dice Franco La Cecla.

Suelen desear ser otras, como los adolescentes que admiran a una estrella de la música.

Frente al conflicto entre lugares y sociedad anhelan unos ciudadanos nuevos, más dóciles, menos obstinados en desbordar fuera de los cauces de la planificación.

Los barrios que se gentrifican buscan una renovación ficticia, impulsada por fuerzas externas cuando en el interior, en realidad, todo queda inmóvil.

La metrópolis, de sistema basado en centralidades, en una localidad práctica e ideológica, se ha convertido en un hub. En un nodo inmaterial para el cruce de alteridades, de deseos de exterioridad y de marginalidades forzosas.

A pesar de esto se construyen edificios. Se intenta encauzar entre hormigón fuerzas que, casi por definición, no pueden ser contenidas. Se encaja el trabajo, el tiempo libre, la democracia.

Hasta la llegada de la crisis, se ha intentado enladrillar incluso las inversiones económicas.

Afortunadamente siempre ocurre que un gran edificio para eventos, o un parque entero se quedan infrautilizados hasta morir de desinterés. Un PAU se queda sin compradores o una plaza vacía para recordar que no todos los problemas humanos admiten una o más soluciones edificatorias.

Apuntes para un deconstruccionismo arquitectónico.

Arquitectura y construcción no son absolutamente indispensables. Los factores que determinan el uso o el reconocimiento de un espacio son tan poco arquitectónicos que, mirados desde la perspectiva de las prácticas de proyecto, pueden considerarse variables incógnitas.

Nuestra idea de versatilidad es, sintéticamente, un abrigo reversible o una plaza donde se pueda instalar un mercadillo. Nuestra concepción de lo evolutivo se conforma con un jardín vertical.

A la vez, pero, somos partículas de una sociedad liquida que ocupa los intersticios y las grietas organizándolos como espacios de evolución y amoldando según sus necesidades las partes materiales e inmateriales de la ciudad.

En un mundo en el que todo está construido, el espacio edificado es uno de los más importantes recursos renovables disponibles. La agenda profesional de los arquitectos de las próximas décadas deberá fundarse en la reinterpretación, la resignificación y la remezcla de lo que les rodea.

Habrá que construir túneles entre un edificio y otro, regenerar relaciones, usos y apropiaciones. SSe necesitarán anarquitectos  en gran escala, parásitos del organismo urbano.

Rebecca Solnit afirma que las ruinas reconducen la ciudad a su inconsciente. Arquitectos y planificadores intentan dirigirla hacia una lucidez de la que se escapa, porque la ciudad vive y se reproduce en una complejidad que se deja reducir pero no controlar.

En los intersticios del sueño de la ciudad, en un inconsciente colectivo cuyo rumbo es conocible solo a posteriori, en un ambiente hibrido entre lo artificial y lo natural tendremos que actuar sin mapas ni planos.

Referencias:

F. La Cecla, Contro l’architettura, Bollati Boringhieri, 2008

M. Zinganel, Vandalism as a productive force, “Monu”, 05, luglio 2006, pp 19-24

R. Solnit, A field guide to getting lost, Viking, 2005

D. Innerarity, El nuevo espacio público, Espasa, 2006

Top ten increibles ruinas modernas – http://www.skyscraperlife.com/latin-bar/36548-top-tens-48.html

F. Cingolani, La décroissance como alternativa al exceso de diseño en las ciudadeshttp://www.laciudadviva.org/blogs/?p=5670


Un espacio público de código abierto

diciembre 21, 2010

(extraído del blog del Proyecto Plaza de las Artes)

Cuales nuevas prácticas disciplinares pueden hacer que nuestro trabajo sea más efectivo?
Qué forma debe tener una ciudad contemporánea más justa y sostenible?
Hacia una ciudad de código abierto. Villa Coronilla, Cochabamba, Bolivia, 2010.
Premisa.
La ciudad como texto colectivo – expropiado.
Qué pasó con la ciudad?
En relación con su entorno, en todo el mundo, las ciudades contemporáneas han llegado a un tamaño, a una cantidad de habitantes y a un poder económico que les han permitido una casi total emancipación respecto a los contextos nacionales. A partir de eso han desarrollado la posibilidad de actuar autónomamente sus propias políticas económicas, sociales y diplomáticas.
Estas condiciones han rediseñado los mapas mundiales convirtiendo el mundo en una gran red, con fuertes concentraciones de densidad puestas en relación por flujos. La concentración y la dirección de estos flujos determina el éxito, y en muchos casos hasta la sobrevivencia de las ciudades.
Por otro lado, la economía se ha dirigido con fuerza hacia lo intangible. La ciudad ha dejado de ser productora de bienes materiales para convertirse en una productora de ideas, un taller de estilos de vida y sobre todo el centro de producción de los signos que representan estas ideas y estilos de vida.
El bien objeto de compra y venta es la ciudad misma, los clientes potenciales son fundamentalmente inversores y turistas de todo el mundo, las herramientas son, en síntesis, el marketing y la publicidad en todas sus aplicaciones.
La ciudad es un texto escrito en gran medida con signos arquitectónicos. En la historia estos han sido la expresión de los diferentes sistemas económicos, sociales y culturales de un lugar y hoy siguen siendo uno de los principales media a través de los cuales la ciudad comunica sus propios contenidos.
Al igual que todos códigos interpretativos, el que adoptamos para leer el texto urbano se basa en la homologación y en la socialización. Los significados y las cadenas paradigmáticas (las asociaciones de ideas) que estos generan, son productos de nuestro entorno social, que nos instruye sobre que hacer delante de un signo.
Exactamente como la comunicación publicitaria se basa en la homologación del mensaje y en la repetición constante de símbolos arquetípicos, la dinámica comunicativa entre productores y usuarios de las arquitecturas urbanas se basa en un código bien definido, propiedad de los mismos productores, sean estos políticos, promotores o empresarios.
Ciudad impuesta.
La ciudad es a la vez un producto humano e iperhumano, generado por fuerzas que son expresión de las identidades locales y otras ajenas. Cuando un ciudadano se relaciona con un signo urbano que puede reconocer como expresión de su cultura, se genera una dinámica de apropiación basada en el hecho de comprender el sistema de reglas del objeto. En estos casos la colectividad puede adoptar comportamientos coherentes con dichos espacios para cumplir con su finalidades.
El ejemplo más sencillo de este fenómeno es el de las aldeas autoconstruidas, donde hay total unidad entre la figura del arquitecto, del constructor y del usuario y por lo tanto una total comprensión en el proceso comunicativo arquitectónico.
En la ciudad contemporánea, generada por un poder central según sistemas de reglas globales, los signos arquitectónicos y el mismo código interpretativo constituyen una imposición. Nos convertimos en receptores pasivos de unos mensajes de propaganda, nos movemos dentro de contextos ajenos respeto a nuestros sistemas culturales, cristalizados e impuestos. Se genera en nosotros un sentido de falta de pertenencia, de alienación y de impotencia respecto a nuestro hábitat.
Ciudad abusiva.
Por otro lado, en los márgenes de la ciudad impuesta y planificada asistimos a un fenómeno opuesto e igualmente peligroso. En las periferias y en las zonas más marginales de los áreas urbanos, en esos espacios que normalmente los poderes de la ciudad quieren ocultar o cancelar, la ausencia de reglas y de recursos genera la proliferación de ciudades espontáneas.
En estos espacios urbanos los deseos individuales se apoderan del espacio, según una lógica extractiva y parasitaria de los recursos comunes. Los intereses privados se convierten en el principal motor productivo de la ciudad, y establecen la supremacía de la esfera personal sobre la social.
El ambiente de la ciudad espontánea, basada en la apropiación exclusiva de los recursos, se manifiesta estéticamente en un corte radical entre el cuidado de los espacios interiores y todo lo que sale de las estrictas pertenencias del individuo, decadente icono de la atrofia de la esfera relacional de los ciudadanos.
En el abismo que separa el individuo y la sociedad, en estos espacios, es evidente la imposibilidad de cualquier producción colectiva de significados en el espacio urbano. Resulta imposible la producción de un código interpretativo y operativo común que lleve a la generación y a la gestión compartida del ambiente de la ciudad.
Si en el caso de las ciudades globales, o de las zonas más centrales y globalizadas de las ciudades podemos observar una imposición del código, en la mayoría de los espacios espontáneos observamos una casi ausencia de código, si no por lo que se limita a los casos de consumo demostrativo, de ostentación de riqueza o de poder.
Alienación
La exclusión respeto a la posibilidad de ser productores de nuestro ambiente, genera alienación.
El primer elemento que genera tal fenómeno es la falta de un código común entre productores y usuarios. En el caso de la ciudad-marca o de la ciudad espontánea, más allá de una convergencia lingüística básica, que impone por ejemplo que las actividades comerciales resulten visualmente atractivas o que los edificios de oficinas sean cajas de vidrio, es extremadamente complejo llegar a una unidad de código entre los varios actores urbanos. Este fenómeno hace que sea muy difícil que la arquitectura urbana se libere de la homologación y se decline según las instancias del contexto donde surge. Los ciudadanos que viven en un contexto sin conocer su código establece con él una relación que muchas veces se basa en usos incoherentes o limitados.
Cuando las fuerzas que producen una transformación urbana son mayoritariamente basadas en intereses personales, la colectividad pierde cualquier posibilidad de determinar el espacio en respuesta a necesidades comunes.
En un sistema comunicativo asimétrico como el que se realiza en el ambiente urbano asistimos además a un fenómeno paradójico observado por Castelnovi en los años 80.
La exclusión de los ciudadanos respeto a la producción del código y de los significados en su entorno lleva a una aceptación cada vez mayor de las lógicas individuales, de la acumulación de la producción en las manos de pocos y del control privado de los bienes comunes.
Nadie, en una democracia, aceptaría tan fácilmente tan grandes limitaciones de la libertad individuales en otros sectores. La centralización y el control del lenguaje, la propiedad privada de los signos nos parecería una inaceptable limitación de nuestra libertad.
Porqué entonces aceptamos tan fácilmente nuestro papel de receptores pasivos de un código en las transformaciones urbanas?
Hacia una arquitectura de código abierto.
Código
La palabra código se refiere, según la real academia, al sistema de signos que permite formular y comprender un mensaje y al conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada.
En la ciudad contemporánea, al horizonte material se suma una capa de información cada vez más espesa. Está constituida por los significados de todos los signos y por el sistema de reglas que rige la estructura urbana y sus usos. Si pasando por una plaza en la ciudad vemos un banco, ese objeto nos comunica inmediatamente su función, siendo un signo de un código que conocemos. Las actividades que ese objeto puede apoyar (sentarse, descansar, leer, encontrarnos con alguien…) forman el conjunto de normas relativas al banco, y determinan un primer nivel de nuestra interacción con él.
Ese primer nivel se basa en la homologación del código entre miembros de una sociedad, y representa la base a partir de la que podemos reconocer una puerta como objeto que nos permite el acceso, y no intentamos entrar en casa por la ventana.
Según una famosa definición de Umberto Eco, si ese banco fuese el donde nos solíamos sentar a tomar el fresco en verano, tendría para nosotros un significado del todo personal: una connotación que se suma al significado social (denotación).
Considerando que en la ciudad contemporánea nuestras necesidades dependen de lo que nos sugieren los mensajes publicitarios, y nuestras opiniones se fundan en lo que nos cuentan los mass media, se podría poner en duda la existencia de cualquier nivel de interpretación del código que se pueda considerar personal.
Afirma Barthes que, en el momento que hay sociedad, cada función se convierte en símbolo de dicha función.
De hecho, cuando se llega a un nivel de complejidad más alto, como por ejemplo un edificio o una ciudad, nuestra capacidad de leer el conjunto de los signos falla, y para comprender el código nos apoyamos a elemento simplificadores o mediadores del proceso comunicativo.
En vez de reconocer cada signo, los agregamos dentro de conjuntos que constituyen tipologías, que tienen referencias en nuestra experiencias. De la misma forma, nuestra interpretación se basa en la mediación de las ideologías: paquetes de concatenaciones de ideas predefinidos, que nos alivian de la responsabilidad de una interpretación activa y autónoma.
Por estas razones, nuestra comprensión del ambiente urbano, así como nuestros comportamientos y los usos que hacemos del espacio se basan en un código cerrado, que heredamos de forma pasiva y que no contribuimos a modificar.
Del conocimiento y la apertura de este sistema de código depende la posibilidad de apropiarnos y de intervenir sobre nuestro contexto.
La definición de código abierto viene del mundo software libre. Se refiere a todos los programas que permiten cuatro libertades fundamentales:
-la libertad de usar el programa, con cualquier propósito.
-la libertad de estudiar como funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.
-la libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.
-la libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.
Sería interesante practicar un estudio contextual y sistemático sobre cuantas de estas libertades podemos ejercer respeto al contexto urbano, y sobre todo respeto al espacio público.
Por ahora es suficiente reconocer que el código urbano se basa en estereotipos impuestos e inaccesibles para los usuarios.
Frente a las innumerables grietas en los sistemas urbanos,  hay que poner en discusión este modelo y dirigirlo hacia estructuras antidogmáticas que permitan un real control democrático, la evolución del código y su adaptación a los contextos.
Una imagen muy eficaz propuesta por Castelnovi (1980) propone el pasaje de un sistema basado en el valor de cambio del código urbano, en atribuciones de valor (y significado) homologadas e impersonales, a un sistema basado en el valor de uso del signo. En este caso se fomentaría la interpretación crítica, en la que, libre de las imposiciones y de la centralización el ciudadano tome un papel activo en la lectura y en la producción del código.
Abrir el código. El Proyecto Plaza de las Artes.
Trabajamos en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. En el barrio de Villa Coronilla, en la zona sur oeste de la ciudad. A pesar de haber sido el corazón de la primera fundación de la ciudad, en el siglo XVI, el barrio conoció en el tiempo una progresiva marginalización. Las actividades de procesamiento de la carnes, con los problemas higiénicos que conllevaban fueron los primeros impulsores de un proceso de degradación del barrio, al que siguió una mal integrada oleada de inmigración de procedencia rural, la instalación de prostíbulos y de colectivos marginados.
La etiqueta de zona roja sigue afectando la identidad y la percepción de un barrio que, por historia y posición contiene, de forma latente, un enorme potencial de rescate.
Hoy el barrio de Villa Coronilla sufre varias patologías de tipo higiénico y ambiental, urbanístico y social.
Se caracteriza sobre todo como un espacio de exclusión. Su posición en el imaginario colectivo de Cochabamba lo hace cada vez más aislado, y a la vez la fragmentación social y la ausencia de una identidad comunitaria basada en un imaginario positivo hace que no exista un código común sobre el que basar la convivencia y el uso responsable de los recursos.
La iniciativa individual y centrada en intereses particulares representa el sistema de reglas fundamental aceptado en el barrio, lo que genera una profunda exclusión de los vecinos respeto a las decisiones sobre los recursos comunes, a la vez que una posición de pasividad respeto a las decisiones impuestas por el poder central.
Aprovechamos la oportunidad de intervenir físicamente el el corazón del barrio, la Plaza de los Arrieros y en sus alrededores, para fomentar el debate y la reflexión sobre el futuro de Villa Coronilla. La Plaza de las Artes, que nacerá de este proyecto de diseño colectivo constituirá la primera huella de un proceso de resignificación del contexto, que se apoya en una general estrategia pública de recualificación de la zona sur oeste de la ciudad.
Las objetivos del proyecto, por lo tanto se quieren enfocar en cuatro ejes:
-activar la reconstrucción de un sentido de pertenencia comunitario.
-dinamizar procesos de recualificación del ambiente urbano.
-generar dinámicas de apropiación, respeto y uso responsable de los recursos comunes.
-fomentar el uso del espacio público como lugar de encuentro, expresión y puesta en valor de la diversidad.
El proceso de realización de los objetivos estratégicos, en un contexto basado en la exclusión del individuo y en la atrofia del poder de la colectividad, debe por lo tanto seguir dos pasos fundamentales:
-la producción colectiva de un código común y abierto.
-la construcción de unas prácticas de acción sobre el código.
Nos proponemos generar un micro sistema urbano basado en las cuatro libertades fundamentales del software libre. Contribuir al nacimiento de un sistema urbano evolutivo, autoproducido y autogestionado, donde la iniciativa individual responsable sea uno de los principios fundativos de una colectividad avanzada, madura y capaz de valorar el encuentro entre diversidades.
Queremos que el arte y la cultura formen las bases para la producción del código común en el barrio. Que representen por un lado el instrumento para la comprensión de la complejidad del ambiente urbano, y por otro el eje privilegiado para el desarrollo del contexto hacia una sociedad integrada, responsable y consciente de sí misma.
Producción colectiva del código.
Es necesario, antes que todo, que el código sea un patrimonio de todos, accesible y comprensible. Es fundamental hacer que la colectividad salga de su estructura espumosa, hecha de miles de burbujas incomunicadas y que empiece a visualizar la perspectiva de un bien común.
En los próximos meses, en Villa Coronilla se desarrollará un proceso masivo de autoanalis barrial, hecho de talleres de sensibilización y concienciación, de estudio del contexto y de propuesta participativa.
El trabajo se desarrollará en el laboratorio-exposición en los espacios del mARTadero. En ese espacio se formará un pequeño urban center, abierto a las visitas y a la participación de los vecinos del barrio.
Se organizarán safaris en el espacio urbano, talleres de audiovisuales para el análisis urbanístico, talleres para la generación de visiones de futuro, trabajos colectivos de experimentación de prácticas de sostenibilidad, de reciclaje y reuso de materiales y espacios.
Arquitectura 2.0
La plataforma de gestión del proyecto se basa en la corresponsabilidad y en la participación, en la dimensión presencial y virtual, a través de un uso responsable de las potencialidades y de los principios de las nuevas tecnologías.
En concreto estamos desarrollando una infraestructura material para la comunicación entre miembros de la comunidad, que usa como modelo la experiencia de whatif…? Cities de Ecosistema Urbano (agradecemos con todo el corazón la disponibilidad y la generosidad de Domenico Di Siena).
La apropiación del muro de la expresión, un espacio abierto a las aportaciones de los vecinos se unirá a una plataforma web que permita la puesta en valor de las opiniones y de las contribuciones de los vecinos de Villa Coronilla.
Se generará una infraestructura multimedial para que los flujos de comunicación entre vecinos, equipo del proyecto y poder político puedan ser rápidos y eficaces.
Arquitectura de Código Abierto.
Cómo se puede hacer que la intención de un espacio cuyo código sea abierto, comprensible y modificable se concretice y se convierta en arquitectura? Cómo se realiza esa hibridación entre lo material y la información? Cómo se puede llegar a una arquitectura contextual, evolutiva, abierta para usos y significados distintos?
Una de las claves está en el pasaje mencionado antes de un sistema basado en el valor de cambio a uno basado en el valor de uso.
Una vez que un objeto arquitectónico se desnuda del aura de las connotaciones sociales que se le atribuyen, podemos establecer nuestra relación de uso con él, libres de cambiar de actitud, de opinión, y sobre todo de intervenir sobre él para que responda de la mejor forma a nuestras necesidades y a las de la comunidad con la que compartimos su uso.
En un espacio libre de imposiciones de código, hechas por la apropiaciones de individuos para fines personales o por parte del poder público,  resaltan sus características intrínsecas y su adaptabilidad a nuestras finalidades.
Podemos subir en la cima de un árbol, descansar a la sombra en sus pies o usar su madera para construir muebles. Un espacio natural no nos impone sus posibles usos, sino nos ofrece unas características que se pueden adaptar a diferentes usos. Justo el caso del verde público nos enseña un caso paradójico sobre como en el ambiente urbano, incluso un elemento potencialmente de código abierto como la vegetación se vincula a una definición funcional impuesta y cerrada. El arbolado en una avenida tiene una función estética, y cualquier uso alternativo sería considerado una transgresión respeto a las normas sociales que han determinado dicho uso.
Una arquitectura urbana de código abierto, por lo tanto, debe respetar seis principios básicos:
-ser de facil legibilidad.
-simplificar la apropiación por parte de los usuarios.
-generar usos creativos y personales.
-favorecer su reuso, el reciclaje y la transformación.
-ser objeto de una gestión colectiva.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.
Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.
Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central  para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.
Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.
Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.
Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de transito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.
Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.
Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempo inmemorable.
A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.
Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.
Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central  para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.
Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.
Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.
Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de tránsito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.
Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.
Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempos inmemorables.
A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
En fin
Pensamos en macroproyecto que empiece con la conceptualización de un código común para la colectividad de Villa Coronilla, y llegue a su materialización en un espacio denso de usos, de ideas, de prácticas de socialización y encuentro.
Creemos en el potencial del arte, de la creatividad y de la cultura como instrumento fundamental para este proceso.
Creemos en un desarrollo urbano democrático y sostenible, en el que el horizonte de nuestra mirada no pretenda abarcar ninguna totalidad. Queremos que nuestras intervenciones tengan efectos que no podemos imaginar.
Queremos aceptar la complejidad del ambiente urbano contemporáneo haciendo que se pueda expresar en formas responsables y colaborativas.
Queremos empezar hoy a practicar nuestro futuro.

Hacia una ciudad de código abierto. Villa Coronilla, Cochabamba, Bolivia, 2010.
Premisa.La ciudad como texto colectivo – expropiado.
Qué pasó con la ciudad?En relación con su entorno, en todo el mundo, las ciudades contemporáneas han llegado a un tamaño, a una cantidad de habitantes y a un poder económico que les han permitido una casi total emancipación respecto a los contextos nacionales. A partir de eso han desarrollado la posibilidad de actuar autónomamente sus propias políticas económicas, sociales y diplomáticas.Estas condiciones han rediseñado los mapas mundiales convirtiendo el mundo en una gran red, con fuertes concentraciones de densidad puestas en relación por flujos. La concentración y la dirección de estos flujos determina el éxito, y en muchos casos hasta la sobrevivencia de las ciudades.Por otro lado, la economía se ha dirigido con fuerza hacia lo intangible. La ciudad ha dejado de ser productora de bienes materiales para convertirse en una productora de ideas, un taller de estilos de vida y sobre todo el centro de producción de los signos que representan estas ideas y estilos de vida.El bien objeto de compra y venta es la ciudad misma, los clientes potenciales son fundamentalmente inversores y turistas de todo el mundo, las herramientas son, en síntesis, el marketing y la publicidad en todas sus aplicaciones.[La imagen de de la ciudad contemporánea no es el conjunto de lo visible. Es la compleja red de significados, informaciones y opiniones sugeridos por los signos que componen el ipertexto urbano.De la fuerza y del posicionamiento de la imagen de una ciudad en el imaginario colectivo depende su ventaja en la competición económica mundial.En la ciudad-producto cada calidad acaba siendo remplazada por el signo que representa de esa calidad. A través de esto, una ciudad puede intervenir sobre la percepción del público; puede transformarse de ciudad industrial en capital de la cultura, proponerse como centro financiero o deportivo, adquirir características emocionalmente eficaces como creatividad, apertura, contemporaneidad. Lo que se define branding urbano sirve para esto; simplificar la comunicación en el ambiente urbano otorgando a los usuarios la posibilidad de una lectura sencilla y unívoca de la ciudad, limitando la semántica de los signos urbanos a una reducida y unidireccional serie de significados.]La ciudad es un texto escrito en gran medida con signos arquitectónicos. En la historia estos han sido la expresión de los diferentes sistemas económicos, sociales y culturales de un lugar y hoy siguen siendo uno de los principales media a través de los cuales la ciudad comunica sus propios contenidos.Al igual que todos códigos interpretativos, el que adoptamos para leer el texto urbano se basa en la homologación y en la socialización. Los significados y las cadenas paradigmáticas (las asociaciones de ideas) que estos generan, son productos de nuestro entorno social, que nos instruye sobre que hacer delante de un signo.Exactamente como la comunicación publicitaria se basa en la homologación del mensaje y en la repetición constante de símbolos arquetípicos, la dinámica comunicativa entre productores y usuarios de las arquitecturas urbanas se basa en un código bien definido, propiedad de los mismos productores, sean estos políticos, promotores o empresarios.
Ciudad impuesta.La ciudad es a la vez un producto humano e iperhumano, generado por fuerzas que son expresión de las identidades locales y otras ajenas. Cuando un ciudadano se relaciona con un signo urbano que puede reconocer como expresión de su cultura, se genera una dinámica de apropiación basada en el hecho de comprender el sistema de reglas del objeto. En estos casos la colectividad puede adoptar comportamientos coherentes con dichos espacios para cumplir con su finalidades.El ejemplo más sencillo de este fenómeno es el de las aldeas autoconstruidas, donde hay total unidad entre la figura del arquitecto, del constructor y del usuario y por lo tanto una total comprensión en el proceso comunicativo arquitectónico. En la ciudad contemporánea, generada por un poder central según sistemas de reglas globales, los signos arquitectónicos y el mismo código interpretativo constituyen una imposición. Nos convertimos en receptores pasivos de unos mensajes de propaganda, nos movemos dentro de contextos ajenos respeto a nuestros sistemas culturales, cristalizados e impuestos. Se genera en nosotros un sentido de falta de pertenencia, de alienación y de impotencia respecto a nuestro hábitat.
Ciudad abusiva. Por otro lado, en los márgenes de la ciudad impuesta y planificada asistimos a un fenómeno opuesto e igualmente peligroso. En las periferias y en las zonas más marginales de los áreas urbanos, en esos espacios que normalmente los poderes de la ciudad quieren ocultar o cancelar, la ausencia de reglas y de recursos genera la proliferación de ciudades espontáneas. En estos espacios urbanos los deseos individuales se apoderan del espacio, según una lógica extractiva y parasitaria de los recursos comunes. Los intereses privados se convierten en el principal motor productivo de la ciudad, y establecen la supremacía de la esfera personal sobre la social.El ambiente de la ciudad espontánea, basada en la apropiación exclusiva de los recursos, se manifiesta estéticamente en un corte radical entre el cuidado de los espacios interiores y todo lo que sale de las estrictas pertenencias del individuo, decadente icono de la atrofia de la esfera relacional de los ciudadanos.En el abismo que separa el individuo y la sociedad, en estos espacios, es evidente la imposibilidad de cualquier producción colectiva de significados en el espacio urbano. Resulta imposible la producción de un código interpretativo y operativo común que lleve a la generación y a la gestión compartida del ambiente de la ciudad. Si en el caso de las ciudades globales, o de las zonas más centrales y globalizadas de las ciudades podemos observar una imposición del código, en la mayoría de los espacios espontáneos observamos una casi ausencia de código, si no por lo que se limita a los casos de consumo demostrativo, de ostentación de riqueza o de poder.
AlienaciónLa exclusión respeto a la posibilidad de ser productores de nuestro ambiente, genera alienación.El primer elemento que genera tal fenómeno es la falta de un código común entre productores y usuarios. En el caso de la ciudad-marca o de la ciudad espontánea, más allá de una convergencia lingüística básica, que impone por ejemplo que las actividades comerciales resulten visualmente atractivas o que los edificios de oficinas sean cajas de vidrio, es extremadamente complejo llegar a una unidad de código entre los varios actores urbanos. Este fenómeno hace que sea muy difícil que la arquitectura urbana se libere de la homologación y se decline según las instancias del contexto donde surge. Los ciudadanos que viven en un contexto sin conocer su código establece con él una relación que muchas veces se basa en usos incoherentes o limitados.Cuando las fuerzas que producen una transformación urbana son mayoritariamente basadas en intereses personales, la colectividad pierde cualquier posibilidad de determinar el espacio en respuesta a necesidades comunes. En un sistema comunicativo asimétrico como el que se realiza en el ambiente urbano asistimos además a un fenómeno paradójico observado por Castelnovi en los años 80.La exclusión de los ciudadanos respeto a la producción del código y de los significados en su entorno lleva a una aceptación cada vez mayor de las lógicas individuales, de la acumulación de la producción en las manos de pocos y del control privado de los bienes comunes.Nadie, en una democracia, aceptaría tan fácilmente tan grandes limitaciones de la libertad individuales en otros sectores. La centralización y el control del lenguaje, la propiedad privada de los signos nos parecería una inaceptable limitación de nuestra libertad. Porqué entonces aceptamos tan fácilmente nuestro papel de receptores pasivos de un código en las transformaciones urbanas?
Hacia una arquitectura de código abierto.
CódigoLa palabra código se refiere, según la real academia, al sistema de signos que permite formular y comprender un mensaje y al conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada.En la ciudad contemporánea, al horizonte material se suma una capa de información cada vez más espesa. Está constituida por los significados de todos los signos y por el sistema de reglas que rige la estructura urbana y sus usos. Si pasando por una plaza en la ciudad vemos un banco, ese objeto nos comunica inmediatamente su función, siendo un signo de un código que conocemos. Las actividades que ese objeto puede apoyar (sentarse, descansar, leer, encontrarnos con alguien…) forman el conjunto de normas relativas al banco, y determinan un primer nivel de nuestra interacción con él.Ese primer nivel se basa en la homologación del código entre miembros de una sociedad, y representa la base a partir de la que podemos reconocer una puerta como objeto que nos permite el acceso, y no intentamos entrar en casa por la ventana.Según una famosa definición de Umberto Eco, si ese banco fuese el donde nos solíamos sentar a tomar el fresco en verano, tendría para nosotros un significado del todo personal: una connotación que se suma al significado social (denotación).Considerando que en la ciudad contemporánea nuestras necesidades dependen de lo que nos sugieren los mensajes publicitarios, y nuestras opiniones se fundan en lo que nos cuentan los mass media, se podría poner en duda la existencia de cualquier nivel de interpretación del código que se pueda considerar personal.Afirma Barthes que, en el momento que hay sociedad, cada función se convierte en símbolo de dicha función.De hecho, cuando se llega a un nivel de complejidad más alto, como por ejemplo un edificio o una ciudad, nuestra capacidad de leer el conjunto de los signos falla, y para comprender el código nos apoyamos a elemento simplificadores o mediadores del proceso comunicativo. En vez de reconocer cada signo, los agregamos dentro de conjuntos que constituyen tipologías, que tienen referencias en nuestra experiencias. De la misma forma, nuestra interpretación se basa en la mediación de las ideologías: paquetes de concatenaciones de ideas predefinidos, que nos alivian de la responsabilidad de una interpretación activa y autónoma.Por estas razones, nuestra comprensión del ambiente urbano, así como nuestros comportamientos y los usos que hacemos del espacio se basan en un código cerrado, que heredamos de forma pasiva y que no contribuimos a modificar.Del conocimiento y la apertura de este sistema de código depende la posibilidad de apropiarnos y de intervenir sobre nuestro contexto.
La definición de código abierto viene del mundo software libre. Se refiere a todos los programas que permiten cuatro libertades fundamentales:-la libertad de usar el programa, con cualquier propósito.-la libertad de estudiar como funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.-la libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.-la libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.
Sería interesante practicar un estudio contextual y sistemático sobre cuantas de estas libertades podemos ejercer respeto al contexto urbano, y sobre todo respeto al espacio público.Por ahora es suficiente reconocer que el código urbano se basa en estereotipos impuestos e inaccesibles para los usuarios. Frente a las innumerables grietas en los sistemas urbanos,  hay que poner en discusión este modelo y dirigirlo hacia estructuras antidogmáticas que permitan un real control democrático, la evolución del código y su adaptación a los contextos.Una imagen muy eficaz propuesta por Castelnovi (1980) propone el pasaje de un sistema basado en el valor de cambio del código urbano, en atribuciones de valor (y significado) homologadas e impersonales, a un sistema basado en el valor de uso del signo. En este caso se fomentaría la interpretación crítica, en la que, libre de las imposiciones y de la centralización el ciudadano tome un papel activo en la lectura y en la producción del código.
Abrir el código. El Proyecto Plaza de las Artes.
Trabajamos en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. En el barrio de Villa Coronilla, en la zona sur oeste de la ciudad. A pesar de haber sido el corazón de la primera fundación de la ciudad, en el siglo XVI, el barrio conoció en el tiempo una progresiva marginalización. Las actividades de procesamiento de la carnes, con los problemas higiénicos que conllevaban fueron los primeros impulsores de un proceso de degradación del barrio, al que siguió una mal integrada oleada de inmigración de procedencia rural, la instalación de prostíbulos y de colectivos marginados.La etiqueta de zona roja sigue afectando la identidad y la percepción de un barrio que, por historia y posición contiene, de forma latente, un enorme potencial de rescate.
Hoy el barrio de Villa Coronilla sufre varias patologías de tipo higiénico y ambiental, urbanístico y social.Se caracteriza sobre todo como un espacio de exclusión. Su posición en el imaginario colectivo de Cochabamba lo hace cada vez más aislado, y a la vez la fragmentación social y la ausencia de una identidad comunitaria basada en un imaginario positivo hace que no exista un código común sobre el que basar la convivencia y el uso responsable de los recursos.La iniciativa individual y centrada en intereses particulares representa el sistema de reglas fundamental aceptado en el barrio, lo que genera una profunda exclusión de los vecinos respeto a las decisiones sobre los recursos comunes, a la vez que una posición de pasividad respeto a las decisiones impuestas por el poder central.
Aprovechamos la oportunidad de intervenir físicamente el el corazón del barrio, la Plaza de los Arrieros y en sus alrededores, para fomentar el debate y la reflexión sobre el futuro de Villa Coronilla. La Plaza de las Artes, que nacerá de este proyecto de diseño colectivo constituirá la primera huella de un proceso de resignificación del contexto, que se apoya en una general estrategia pública de recualificación de la zona sur oeste de la ciudad.
Las objetivos del proyecto, por lo tanto se quieren enfocar en cuatro ejes:-activar la reconstrucción de un sentido de pertenencia comunitario.-dinamizar procesos de recualificación del ambiente urbano.-generar dinámicas de apropiación, respeto y uso responsable de los recursos comunes.-fomentar el uso del espacio público como lugar de encuentro, expresión y puesta en valor de la diversidad.
El proceso de realización de los objetivos estratégicos, en un contexto basado en la exclusión del individuo y en la atrofia del poder de la colectividad, debe por lo tanto seguir dos pasos fundamentales:-la producción colectiva de un código común y abierto.-la construcción de unas prácticas de acción sobre el código.
Nos proponemos generar un micro sistema urbano basado en las cuatro libertades fundamentales del software libre. Contribuir al nacimiento de un sistema urbano evolutivo, autoproducido y autogestionado, donde la iniciativa individual responsable sea uno de los principios fundativos de una colectividad avanzada, madura y capaz de valorar el encuentro entre diversidades.Queremos que el arte y la cultura formen las bases para la producción del código común en el barrio. Que representen por un lado el instrumento para la comprensión de la complejidad del ambiente urbano, y por otro el eje privilegiado para el desarrollo del contexto hacia una sociedad integrada, responsable y consciente de sí misma.
Producción colectiva del código.
Es necesario, antes que todo, que el código sea un patrimonio de todos, accesible y comprensible. Es fundamental hacer que la colectividad salga de su estructura espumosa, hecha de miles de burbujas incomunicadas y que empiece a visualizar la perspectiva de un bien común. En los próximos meses, en Villa Coronilla se desarrollará un proceso masivo de autoanalis barrial, hecho de talleres de sensibilización y concienciación, de estudio del contexto y de propuesta participativa. El trabajo se desarrollará en el laboratorio-exposición en los espacios del mARTadero. En ese espacio se formará un pequeño urban center, abierto a las visitas y a la participación de los vecinos del barrio. Se organizarán safaris en el espacio urbano, talleres de audiovisuales para el análisis urbanístico, talleres para la generación de visiones de futuro, trabajos colectivos de experimentación de prácticas de sostenibilidad, de reciclaje y reuso de materiales y espacios.
Arquitectura 2.0La plataforma de gestión del proyecto se basa en la corresponsabilidad y en la participación, en la dimensión presencial y virtual, a través de un uso responsable de las potencialidades y de los principios de las nuevas tecnologías.La apropiación del muro de la expresión, un espacio abierto a las aportaciones de los vecinos se unirá a una plataforma web que permita la puesta en valor de las opiniones y de las contribuciones de los vecinos de Villa Coronilla.Se generará una infraestructura multimedial para que los flujos de comunicación entre vecinos, equipo del proyecto y poder político puedan ser rápidos y eficaces.
Arquitectura de Código Abierto.Cómo se puede hacer que la intención de un espacio cuyo código sea abierto, comprensible y modificable se concretice y se convierta en arquitectura? Cómo se realiza esa hibridación entre lo material y la información? Cómo se puede llegar a una arquitectura contextual, evolutiva, abierta para usos y significados distintos?
Una de las claves está en el pasaje mencionado antes de un sistema basado en el valor de cambio a uno basado en el valor de uso.Una vez que un objeto arquitectónico se desnuda del aura de las connotaciones sociales que se le atribuyen, podemos establecer nuestra relación de uso con él, libres de cambiar de actitud, de opinión, y sobre todo de intervenir sobre él para que responda de la mejor forma a nuestras necesidades y a las de la comunidad con la que compartimos su uso.En un espacio libre de imposiciones de código, hechas por la apropiaciones de individuos para fines personales o por parte del poder público,  resaltan sus características intrínsecas y su adaptabilidad a nuestras finalidades. Podemos subir en la cima de un árbol, descansar a la sombra en sus pies o usar su madera para construir muebles. Un espacio natural no nos impone sus posibles usos, sino nos ofrece unas características que se pueden adaptar a diferentes usos. Justo el caso del verde público nos enseña un caso paradójico sobre como en el ambiente urbano, incluso un elemento potencialmente de código abierto como la vegetación se vincula a una definición funcional impuesta y cerrada. El arbolado en una avenida tiene una función estética, y cualquier uso alternativo sería considerado una transgresión respeto a las normas sociales que han determinado dicho uso.
Una arquitectura urbana de código abierto, por lo tanto, debe respetar seis principios básicos:-ser de facil legibilidad.-simplificar la apropiación por parte de los usuarios.-generar usos creativos y personales.-favorecer su reuso, el reciclaje y la transformación.-ser objeto de una gestión colectiva.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central  para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de transito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempo inmemorable.A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central  para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de tránsito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempos inmemorables.A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.

 

¿Y si comenzáramos a jugar a los arquitectos?

diciembre 21, 2010

(Extraído del blog del Proyecto Plaza de las Artes)

Podríamos esquematizar una plaza como una súper estructura material, como el procesador de una computadora, o sea: El hardware.

Con su forma y sus materiales que permiten el desarrollo de usos, de interacciones entre personas y de fenómenos sociales, podríamos hacer la comparación con un programa: un videojuego o una hoja de calculo: El software.

Cualquier proyecto de arquitectura puede caber dentro de esta simplificación: un componente material que funciona como soporte y una intangible soportada.

Cuando estamos tomando un helado en una plaza no lo sabemos, pero somos variables dentro de un algoritmo definido que norma la relación entre lo material y nosotros.

¿Qué pasaría si imagináramos un proyecto de arquitectura que no diseña el espacio, sino que estructura la producción colectiva del hardware y el software de la ciudad?

Estaríamos trabajando para generar un espacio público “de código abierto”

Si por ejemplo usáramos una simple malla modular para hacer que el arte sagrado de la composición sea alcanzable para las comunidades directamente afectadas por una transformación urbana, entonces estaríamos rompiendo muchas barreras.

Ya no habría separación entre productores y usuarios, espacios y usos podrían ser un unicum y estaríamos, para volver a la abusada metáfora informática, diseñando un lenguaje de programación urbana accesible para los ciudadanos.

 

Arroddugò (expresión de estupor típica del sur de Cerdeña)

octubre 22, 2010

(AVISO: esta entrada contiene un lenguaje explícitamente autocelebrante)

La Wallunka celebra la visita de casi 700 lectores en una semana de vida.
Se balancea con una fuerza que no esperábamos, gracias al empujón de estos nuevos y viejos amigos.

En breve publicaremos las colaboraciones de quien ha querido sumarse y vestirse de pollera como hicimos nosotros.
Cómo dice Pablo César, amigo y wallunkero: nos debemos una celebración!


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