(extraído del blog del Proyecto Plaza de las Artes)
Cuales nuevas prácticas disciplinares pueden hacer que nuestro trabajo sea más efectivo?
Qué forma debe tener una ciudad contemporánea más justa y sostenible?
Hacia una ciudad de código abierto. Villa Coronilla, Cochabamba, Bolivia, 2010.
Premisa.
La ciudad como texto colectivo – expropiado.
Qué pasó con la ciudad?
En relación con su entorno, en todo el mundo, las ciudades contemporáneas han llegado a un tamaño, a una cantidad de habitantes y a un poder económico que les han permitido una casi total emancipación respecto a los contextos nacionales. A partir de eso han desarrollado la posibilidad de actuar autónomamente sus propias políticas económicas, sociales y diplomáticas.
Estas condiciones han rediseñado los mapas mundiales convirtiendo el mundo en una gran red, con fuertes concentraciones de densidad puestas en relación por flujos. La concentración y la dirección de estos flujos determina el éxito, y en muchos casos hasta la sobrevivencia de las ciudades.
Por otro lado, la economía se ha dirigido con fuerza hacia lo intangible. La ciudad ha dejado de ser productora de bienes materiales para convertirse en una productora de ideas, un taller de estilos de vida y sobre todo el centro de producción de los signos que representan estas ideas y estilos de vida.
El bien objeto de compra y venta es la ciudad misma, los clientes potenciales son fundamentalmente inversores y turistas de todo el mundo, las herramientas son, en síntesis, el marketing y la publicidad en todas sus aplicaciones.
La ciudad es un texto escrito en gran medida con signos arquitectónicos. En la historia estos han sido la expresión de los diferentes sistemas económicos, sociales y culturales de un lugar y hoy siguen siendo uno de los principales media a través de los cuales la ciudad comunica sus propios contenidos.
Al igual que todos códigos interpretativos, el que adoptamos para leer el texto urbano se basa en la homologación y en la socialización. Los significados y las cadenas paradigmáticas (las asociaciones de ideas) que estos generan, son productos de nuestro entorno social, que nos instruye sobre que hacer delante de un signo.
Exactamente como la comunicación publicitaria se basa en la homologación del mensaje y en la repetición constante de símbolos arquetípicos, la dinámica comunicativa entre productores y usuarios de las arquitecturas urbanas se basa en un código bien definido, propiedad de los mismos productores, sean estos políticos, promotores o empresarios.
Ciudad impuesta.
La ciudad es a la vez un producto humano e iperhumano, generado por fuerzas que son expresión de las identidades locales y otras ajenas. Cuando un ciudadano se relaciona con un signo urbano que puede reconocer como expresión de su cultura, se genera una dinámica de apropiación basada en el hecho de comprender el sistema de reglas del objeto. En estos casos la colectividad puede adoptar comportamientos coherentes con dichos espacios para cumplir con su finalidades.
El ejemplo más sencillo de este fenómeno es el de las aldeas autoconstruidas, donde hay total unidad entre la figura del arquitecto, del constructor y del usuario y por lo tanto una total comprensión en el proceso comunicativo arquitectónico.
En la ciudad contemporánea, generada por un poder central según sistemas de reglas globales, los signos arquitectónicos y el mismo código interpretativo constituyen una imposición. Nos convertimos en receptores pasivos de unos mensajes de propaganda, nos movemos dentro de contextos ajenos respeto a nuestros sistemas culturales, cristalizados e impuestos. Se genera en nosotros un sentido de falta de pertenencia, de alienación y de impotencia respecto a nuestro hábitat.
Ciudad abusiva.
Por otro lado, en los márgenes de la ciudad impuesta y planificada asistimos a un fenómeno opuesto e igualmente peligroso. En las periferias y en las zonas más marginales de los áreas urbanos, en esos espacios que normalmente los poderes de la ciudad quieren ocultar o cancelar, la ausencia de reglas y de recursos genera la proliferación de ciudades espontáneas.
En estos espacios urbanos los deseos individuales se apoderan del espacio, según una lógica extractiva y parasitaria de los recursos comunes. Los intereses privados se convierten en el principal motor productivo de la ciudad, y establecen la supremacía de la esfera personal sobre la social.
El ambiente de la ciudad espontánea, basada en la apropiación exclusiva de los recursos, se manifiesta estéticamente en un corte radical entre el cuidado de los espacios interiores y todo lo que sale de las estrictas pertenencias del individuo, decadente icono de la atrofia de la esfera relacional de los ciudadanos.
En el abismo que separa el individuo y la sociedad, en estos espacios, es evidente la imposibilidad de cualquier producción colectiva de significados en el espacio urbano. Resulta imposible la producción de un código interpretativo y operativo común que lleve a la generación y a la gestión compartida del ambiente de la ciudad.
Si en el caso de las ciudades globales, o de las zonas más centrales y globalizadas de las ciudades podemos observar una imposición del código, en la mayoría de los espacios espontáneos observamos una casi ausencia de código, si no por lo que se limita a los casos de consumo demostrativo, de ostentación de riqueza o de poder.
Alienación
La exclusión respeto a la posibilidad de ser productores de nuestro ambiente, genera alienación.
El primer elemento que genera tal fenómeno es la falta de un código común entre productores y usuarios. En el caso de la ciudad-marca o de la ciudad espontánea, más allá de una convergencia lingüística básica, que impone por ejemplo que las actividades comerciales resulten visualmente atractivas o que los edificios de oficinas sean cajas de vidrio, es extremadamente complejo llegar a una unidad de código entre los varios actores urbanos. Este fenómeno hace que sea muy difícil que la arquitectura urbana se libere de la homologación y se decline según las instancias del contexto donde surge. Los ciudadanos que viven en un contexto sin conocer su código establece con él una relación que muchas veces se basa en usos incoherentes o limitados.
Cuando las fuerzas que producen una transformación urbana son mayoritariamente basadas en intereses personales, la colectividad pierde cualquier posibilidad de determinar el espacio en respuesta a necesidades comunes.
En un sistema comunicativo asimétrico como el que se realiza en el ambiente urbano asistimos además a un fenómeno paradójico observado por Castelnovi en los años 80.
La exclusión de los ciudadanos respeto a la producción del código y de los significados en su entorno lleva a una aceptación cada vez mayor de las lógicas individuales, de la acumulación de la producción en las manos de pocos y del control privado de los bienes comunes.
Nadie, en una democracia, aceptaría tan fácilmente tan grandes limitaciones de la libertad individuales en otros sectores. La centralización y el control del lenguaje, la propiedad privada de los signos nos parecería una inaceptable limitación de nuestra libertad.
Porqué entonces aceptamos tan fácilmente nuestro papel de receptores pasivos de un código en las transformaciones urbanas?
Hacia una arquitectura de código abierto.
Código
La palabra código se refiere, según la real academia, al sistema de signos que permite formular y comprender un mensaje y al conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada.
En la ciudad contemporánea, al horizonte material se suma una capa de información cada vez más espesa. Está constituida por los significados de todos los signos y por el sistema de reglas que rige la estructura urbana y sus usos. Si pasando por una plaza en la ciudad vemos un banco, ese objeto nos comunica inmediatamente su función, siendo un signo de un código que conocemos. Las actividades que ese objeto puede apoyar (sentarse, descansar, leer, encontrarnos con alguien…) forman el conjunto de normas relativas al banco, y determinan un primer nivel de nuestra interacción con él.
Ese primer nivel se basa en la homologación del código entre miembros de una sociedad, y representa la base a partir de la que podemos reconocer una puerta como objeto que nos permite el acceso, y no intentamos entrar en casa por la ventana.
Según una famosa definición de Umberto Eco, si ese banco fuese el donde nos solíamos sentar a tomar el fresco en verano, tendría para nosotros un significado del todo personal: una connotación que se suma al significado social (denotación).
Considerando que en la ciudad contemporánea nuestras necesidades dependen de lo que nos sugieren los mensajes publicitarios, y nuestras opiniones se fundan en lo que nos cuentan los mass media, se podría poner en duda la existencia de cualquier nivel de interpretación del código que se pueda considerar personal.
Afirma Barthes que, en el momento que hay sociedad, cada función se convierte en símbolo de dicha función.
De hecho, cuando se llega a un nivel de complejidad más alto, como por ejemplo un edificio o una ciudad, nuestra capacidad de leer el conjunto de los signos falla, y para comprender el código nos apoyamos a elemento simplificadores o mediadores del proceso comunicativo.
En vez de reconocer cada signo, los agregamos dentro de conjuntos que constituyen tipologías, que tienen referencias en nuestra experiencias. De la misma forma, nuestra interpretación se basa en la mediación de las ideologías: paquetes de concatenaciones de ideas predefinidos, que nos alivian de la responsabilidad de una interpretación activa y autónoma.
Por estas razones, nuestra comprensión del ambiente urbano, así como nuestros comportamientos y los usos que hacemos del espacio se basan en un código cerrado, que heredamos de forma pasiva y que no contribuimos a modificar.
Del conocimiento y la apertura de este sistema de código depende la posibilidad de apropiarnos y de intervenir sobre nuestro contexto.
La definición de código abierto viene del mundo software libre. Se refiere a todos los programas que permiten cuatro libertades fundamentales:
-la libertad de usar el programa, con cualquier propósito.
-la libertad de estudiar como funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.
-la libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.
-la libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.
Sería interesante practicar un estudio contextual y sistemático sobre cuantas de estas libertades podemos ejercer respeto al contexto urbano, y sobre todo respeto al espacio público.
Por ahora es suficiente reconocer que el código urbano se basa en estereotipos impuestos e inaccesibles para los usuarios.
Frente a las innumerables grietas en los sistemas urbanos, hay que poner en discusión este modelo y dirigirlo hacia estructuras antidogmáticas que permitan un real control democrático, la evolución del código y su adaptación a los contextos.
Una imagen muy eficaz propuesta por Castelnovi (1980) propone el pasaje de un sistema basado en el valor de cambio del código urbano, en atribuciones de valor (y significado) homologadas e impersonales, a un sistema basado en el valor de uso del signo. En este caso se fomentaría la interpretación crítica, en la que, libre de las imposiciones y de la centralización el ciudadano tome un papel activo en la lectura y en la producción del código.
Abrir el código. El Proyecto Plaza de las Artes.
Trabajamos en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. En el barrio de Villa Coronilla, en la zona sur oeste de la ciudad. A pesar de haber sido el corazón de la primera fundación de la ciudad, en el siglo XVI, el barrio conoció en el tiempo una progresiva marginalización. Las actividades de procesamiento de la carnes, con los problemas higiénicos que conllevaban fueron los primeros impulsores de un proceso de degradación del barrio, al que siguió una mal integrada oleada de inmigración de procedencia rural, la instalación de prostíbulos y de colectivos marginados.
La etiqueta de zona roja sigue afectando la identidad y la percepción de un barrio que, por historia y posición contiene, de forma latente, un enorme potencial de rescate.
Hoy el barrio de Villa Coronilla sufre varias patologías de tipo higiénico y ambiental, urbanístico y social.
Se caracteriza sobre todo como un espacio de exclusión. Su posición en el imaginario colectivo de Cochabamba lo hace cada vez más aislado, y a la vez la fragmentación social y la ausencia de una identidad comunitaria basada en un imaginario positivo hace que no exista un código común sobre el que basar la convivencia y el uso responsable de los recursos.
La iniciativa individual y centrada en intereses particulares representa el sistema de reglas fundamental aceptado en el barrio, lo que genera una profunda exclusión de los vecinos respeto a las decisiones sobre los recursos comunes, a la vez que una posición de pasividad respeto a las decisiones impuestas por el poder central.
Aprovechamos la oportunidad de intervenir físicamente el el corazón del barrio, la Plaza de los Arrieros y en sus alrededores, para fomentar el debate y la reflexión sobre el futuro de Villa Coronilla. La Plaza de las Artes, que nacerá de este proyecto de diseño colectivo constituirá la primera huella de un proceso de resignificación del contexto, que se apoya en una general estrategia pública de recualificación de la zona sur oeste de la ciudad.
Las objetivos del proyecto, por lo tanto se quieren enfocar en cuatro ejes:
-activar la reconstrucción de un sentido de pertenencia comunitario.
-dinamizar procesos de recualificación del ambiente urbano.
-generar dinámicas de apropiación, respeto y uso responsable de los recursos comunes.
-fomentar el uso del espacio público como lugar de encuentro, expresión y puesta en valor de la diversidad.
El proceso de realización de los objetivos estratégicos, en un contexto basado en la exclusión del individuo y en la atrofia del poder de la colectividad, debe por lo tanto seguir dos pasos fundamentales:
-la producción colectiva de un código común y abierto.
-la construcción de unas prácticas de acción sobre el código.
Nos proponemos generar un micro sistema urbano basado en las cuatro libertades fundamentales del software libre. Contribuir al nacimiento de un sistema urbano evolutivo, autoproducido y autogestionado, donde la iniciativa individual responsable sea uno de los principios fundativos de una colectividad avanzada, madura y capaz de valorar el encuentro entre diversidades.
Queremos que el arte y la cultura formen las bases para la producción del código común en el barrio. Que representen por un lado el instrumento para la comprensión de la complejidad del ambiente urbano, y por otro el eje privilegiado para el desarrollo del contexto hacia una sociedad integrada, responsable y consciente de sí misma.
Producción colectiva del código.
Es necesario, antes que todo, que el código sea un patrimonio de todos, accesible y comprensible. Es fundamental hacer que la colectividad salga de su estructura espumosa, hecha de miles de burbujas incomunicadas y que empiece a visualizar la perspectiva de un bien común.
En los próximos meses, en Villa Coronilla se desarrollará un proceso masivo de autoanalis barrial, hecho de talleres de sensibilización y concienciación, de estudio del contexto y de propuesta participativa.
El trabajo se desarrollará en el laboratorio-exposición en los espacios del mARTadero. En ese espacio se formará un pequeño urban center, abierto a las visitas y a la participación de los vecinos del barrio.
Se organizarán safaris en el espacio urbano, talleres de audiovisuales para el análisis urbanístico, talleres para la generación de visiones de futuro, trabajos colectivos de experimentación de prácticas de sostenibilidad, de reciclaje y reuso de materiales y espacios.
Arquitectura 2.0
La plataforma de gestión del proyecto se basa en la corresponsabilidad y en la participación, en la dimensión presencial y virtual, a través de un uso responsable de las potencialidades y de los principios de las nuevas tecnologías.
En concreto estamos desarrollando una infraestructura material para la comunicación entre miembros de la comunidad, que usa como modelo la experiencia de
whatif…? Cities de Ecosistema Urbano (agradecemos con todo el corazón la disponibilidad y la generosidad de Domenico Di Siena).
La apropiación del muro de la expresión, un espacio abierto a las aportaciones de los vecinos se unirá a una plataforma web que permita la puesta en valor de las opiniones y de las contribuciones de los vecinos de Villa Coronilla.
Se generará una infraestructura multimedial para que los flujos de comunicación entre vecinos, equipo del proyecto y poder político puedan ser rápidos y eficaces.
Arquitectura de Código Abierto.
Cómo se puede hacer que la intención de un espacio cuyo código sea abierto, comprensible y modificable se concretice y se convierta en arquitectura? Cómo se realiza esa hibridación entre lo material y la información? Cómo se puede llegar a una arquitectura contextual, evolutiva, abierta para usos y significados distintos?
Una de las claves está en el pasaje mencionado antes de un sistema basado en el valor de cambio a uno basado en el valor de uso.
Una vez que un objeto arquitectónico se desnuda del aura de las connotaciones sociales que se le atribuyen, podemos establecer nuestra relación de uso con él, libres de cambiar de actitud, de opinión, y sobre todo de intervenir sobre él para que responda de la mejor forma a nuestras necesidades y a las de la comunidad con la que compartimos su uso.
En un espacio libre de imposiciones de código, hechas por la apropiaciones de individuos para fines personales o por parte del poder público, resaltan sus características intrínsecas y su adaptabilidad a nuestras finalidades.
Podemos subir en la cima de un árbol, descansar a la sombra en sus pies o usar su madera para construir muebles. Un espacio natural no nos impone sus posibles usos, sino nos ofrece unas características que se pueden adaptar a diferentes usos. Justo el caso del verde público nos enseña un caso paradójico sobre como en el ambiente urbano, incluso un elemento potencialmente de código abierto como la vegetación se vincula a una definición funcional impuesta y cerrada. El arbolado en una avenida tiene una función estética, y cualquier uso alternativo sería considerado una transgresión respeto a las normas sociales que han determinado dicho uso.
Una arquitectura urbana de código abierto, por lo tanto, debe respetar seis principios básicos:
-ser de facil legibilidad.
-simplificar la apropiación por parte de los usuarios.
-generar usos creativos y personales.
-favorecer su reuso, el reciclaje y la transformación.
-ser objeto de una gestión colectiva.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.
Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.
Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.
Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.
Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.
Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de transito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.
Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.
Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempo inmemorable.
A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.
Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.
Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.
Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.
Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.
Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de tránsito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.
Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.
Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempos inmemorables.
A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
En fin
Pensamos en macroproyecto que empiece con la conceptualización de un código común para la colectividad de Villa Coronilla, y llegue a su materialización en un espacio denso de usos, de ideas, de prácticas de socialización y encuentro.
Creemos en el potencial del arte, de la creatividad y de la cultura como instrumento fundamental para este proceso.
Creemos en un desarrollo urbano democrático y sostenible, en el que el horizonte de nuestra mirada no pretenda abarcar ninguna totalidad. Queremos que nuestras intervenciones tengan efectos que no podemos imaginar.
Queremos aceptar la complejidad del ambiente urbano contemporáneo haciendo que se pueda expresar en formas responsables y colaborativas.
Queremos empezar hoy a practicar nuestro futuro.
Hacia una ciudad de código abierto. Villa Coronilla, Cochabamba, Bolivia, 2010.
Premisa.La ciudad como texto colectivo – expropiado.
Qué pasó con la ciudad?En relación con su entorno, en todo el mundo, las ciudades contemporáneas han llegado a un tamaño, a una cantidad de habitantes y a un poder económico que les han permitido una casi total emancipación respecto a los contextos nacionales. A partir de eso han desarrollado la posibilidad de actuar autónomamente sus propias políticas económicas, sociales y diplomáticas.Estas condiciones han rediseñado los mapas mundiales convirtiendo el mundo en una gran red, con fuertes concentraciones de densidad puestas en relación por flujos. La concentración y la dirección de estos flujos determina el éxito, y en muchos casos hasta la sobrevivencia de las ciudades.Por otro lado, la economía se ha dirigido con fuerza hacia lo intangible. La ciudad ha dejado de ser productora de bienes materiales para convertirse en una productora de ideas, un taller de estilos de vida y sobre todo el centro de producción de los signos que representan estas ideas y estilos de vida.El bien objeto de compra y venta es la ciudad misma, los clientes potenciales son fundamentalmente inversores y turistas de todo el mundo, las herramientas son, en síntesis, el marketing y la publicidad en todas sus aplicaciones.[La imagen de de la ciudad contemporánea no es el conjunto de lo visible. Es la compleja red de significados, informaciones y opiniones sugeridos por los signos que componen el ipertexto urbano.De la fuerza y del posicionamiento de la imagen de una ciudad en el imaginario colectivo depende su ventaja en la competición económica mundial.En la ciudad-producto cada calidad acaba siendo remplazada por el signo que representa de esa calidad. A través de esto, una ciudad puede intervenir sobre la percepción del público; puede transformarse de ciudad industrial en capital de la cultura, proponerse como centro financiero o deportivo, adquirir características emocionalmente eficaces como creatividad, apertura, contemporaneidad. Lo que se define branding urbano sirve para esto; simplificar la comunicación en el ambiente urbano otorgando a los usuarios la posibilidad de una lectura sencilla y unívoca de la ciudad, limitando la semántica de los signos urbanos a una reducida y unidireccional serie de significados.]La ciudad es un texto escrito en gran medida con signos arquitectónicos. En la historia estos han sido la expresión de los diferentes sistemas económicos, sociales y culturales de un lugar y hoy siguen siendo uno de los principales media a través de los cuales la ciudad comunica sus propios contenidos.Al igual que todos códigos interpretativos, el que adoptamos para leer el texto urbano se basa en la homologación y en la socialización. Los significados y las cadenas paradigmáticas (las asociaciones de ideas) que estos generan, son productos de nuestro entorno social, que nos instruye sobre que hacer delante de un signo.Exactamente como la comunicación publicitaria se basa en la homologación del mensaje y en la repetición constante de símbolos arquetípicos, la dinámica comunicativa entre productores y usuarios de las arquitecturas urbanas se basa en un código bien definido, propiedad de los mismos productores, sean estos políticos, promotores o empresarios.
Ciudad impuesta.La ciudad es a la vez un producto humano e iperhumano, generado por fuerzas que son expresión de las identidades locales y otras ajenas. Cuando un ciudadano se relaciona con un signo urbano que puede reconocer como expresión de su cultura, se genera una dinámica de apropiación basada en el hecho de comprender el sistema de reglas del objeto. En estos casos la colectividad puede adoptar comportamientos coherentes con dichos espacios para cumplir con su finalidades.El ejemplo más sencillo de este fenómeno es el de las aldeas autoconstruidas, donde hay total unidad entre la figura del arquitecto, del constructor y del usuario y por lo tanto una total comprensión en el proceso comunicativo arquitectónico. En la ciudad contemporánea, generada por un poder central según sistemas de reglas globales, los signos arquitectónicos y el mismo código interpretativo constituyen una imposición. Nos convertimos en receptores pasivos de unos mensajes de propaganda, nos movemos dentro de contextos ajenos respeto a nuestros sistemas culturales, cristalizados e impuestos. Se genera en nosotros un sentido de falta de pertenencia, de alienación y de impotencia respecto a nuestro hábitat.
Ciudad abusiva. Por otro lado, en los márgenes de la ciudad impuesta y planificada asistimos a un fenómeno opuesto e igualmente peligroso. En las periferias y en las zonas más marginales de los áreas urbanos, en esos espacios que normalmente los poderes de la ciudad quieren ocultar o cancelar, la ausencia de reglas y de recursos genera la proliferación de ciudades espontáneas. En estos espacios urbanos los deseos individuales se apoderan del espacio, según una lógica extractiva y parasitaria de los recursos comunes. Los intereses privados se convierten en el principal motor productivo de la ciudad, y establecen la supremacía de la esfera personal sobre la social.El ambiente de la ciudad espontánea, basada en la apropiación exclusiva de los recursos, se manifiesta estéticamente en un corte radical entre el cuidado de los espacios interiores y todo lo que sale de las estrictas pertenencias del individuo, decadente icono de la atrofia de la esfera relacional de los ciudadanos.En el abismo que separa el individuo y la sociedad, en estos espacios, es evidente la imposibilidad de cualquier producción colectiva de significados en el espacio urbano. Resulta imposible la producción de un código interpretativo y operativo común que lleve a la generación y a la gestión compartida del ambiente de la ciudad. Si en el caso de las ciudades globales, o de las zonas más centrales y globalizadas de las ciudades podemos observar una imposición del código, en la mayoría de los espacios espontáneos observamos una casi ausencia de código, si no por lo que se limita a los casos de consumo demostrativo, de ostentación de riqueza o de poder.
AlienaciónLa exclusión respeto a la posibilidad de ser productores de nuestro ambiente, genera alienación.El primer elemento que genera tal fenómeno es la falta de un código común entre productores y usuarios. En el caso de la ciudad-marca o de la ciudad espontánea, más allá de una convergencia lingüística básica, que impone por ejemplo que las actividades comerciales resulten visualmente atractivas o que los edificios de oficinas sean cajas de vidrio, es extremadamente complejo llegar a una unidad de código entre los varios actores urbanos. Este fenómeno hace que sea muy difícil que la arquitectura urbana se libere de la homologación y se decline según las instancias del contexto donde surge. Los ciudadanos que viven en un contexto sin conocer su código establece con él una relación que muchas veces se basa en usos incoherentes o limitados.Cuando las fuerzas que producen una transformación urbana son mayoritariamente basadas en intereses personales, la colectividad pierde cualquier posibilidad de determinar el espacio en respuesta a necesidades comunes. En un sistema comunicativo asimétrico como el que se realiza en el ambiente urbano asistimos además a un fenómeno paradójico observado por Castelnovi en los años 80.La exclusión de los ciudadanos respeto a la producción del código y de los significados en su entorno lleva a una aceptación cada vez mayor de las lógicas individuales, de la acumulación de la producción en las manos de pocos y del control privado de los bienes comunes.Nadie, en una democracia, aceptaría tan fácilmente tan grandes limitaciones de la libertad individuales en otros sectores. La centralización y el control del lenguaje, la propiedad privada de los signos nos parecería una inaceptable limitación de nuestra libertad. Porqué entonces aceptamos tan fácilmente nuestro papel de receptores pasivos de un código en las transformaciones urbanas?
Hacia una arquitectura de código abierto.
CódigoLa palabra código se refiere, según la real academia, al sistema de signos que permite formular y comprender un mensaje y al conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada.En la ciudad contemporánea, al horizonte material se suma una capa de información cada vez más espesa. Está constituida por los significados de todos los signos y por el sistema de reglas que rige la estructura urbana y sus usos. Si pasando por una plaza en la ciudad vemos un banco, ese objeto nos comunica inmediatamente su función, siendo un signo de un código que conocemos. Las actividades que ese objeto puede apoyar (sentarse, descansar, leer, encontrarnos con alguien…) forman el conjunto de normas relativas al banco, y determinan un primer nivel de nuestra interacción con él.Ese primer nivel se basa en la homologación del código entre miembros de una sociedad, y representa la base a partir de la que podemos reconocer una puerta como objeto que nos permite el acceso, y no intentamos entrar en casa por la ventana.Según una famosa definición de Umberto Eco, si ese banco fuese el donde nos solíamos sentar a tomar el fresco en verano, tendría para nosotros un significado del todo personal: una connotación que se suma al significado social (denotación).Considerando que en la ciudad contemporánea nuestras necesidades dependen de lo que nos sugieren los mensajes publicitarios, y nuestras opiniones se fundan en lo que nos cuentan los mass media, se podría poner en duda la existencia de cualquier nivel de interpretación del código que se pueda considerar personal.Afirma Barthes que, en el momento que hay sociedad, cada función se convierte en símbolo de dicha función.De hecho, cuando se llega a un nivel de complejidad más alto, como por ejemplo un edificio o una ciudad, nuestra capacidad de leer el conjunto de los signos falla, y para comprender el código nos apoyamos a elemento simplificadores o mediadores del proceso comunicativo. En vez de reconocer cada signo, los agregamos dentro de conjuntos que constituyen tipologías, que tienen referencias en nuestra experiencias. De la misma forma, nuestra interpretación se basa en la mediación de las ideologías: paquetes de concatenaciones de ideas predefinidos, que nos alivian de la responsabilidad de una interpretación activa y autónoma.Por estas razones, nuestra comprensión del ambiente urbano, así como nuestros comportamientos y los usos que hacemos del espacio se basan en un código cerrado, que heredamos de forma pasiva y que no contribuimos a modificar.Del conocimiento y la apertura de este sistema de código depende la posibilidad de apropiarnos y de intervenir sobre nuestro contexto.
La definición de código abierto viene del mundo software libre. Se refiere a todos los programas que permiten cuatro libertades fundamentales:-la libertad de usar el programa, con cualquier propósito.-la libertad de estudiar como funciona el programa y modificarlo, adaptándolo a tus necesidades.-la libertad de distribuir copias del programa, con lo cual puedes ayudar a tu prójimo.-la libertad de mejorar el programa y hacer públicas esas mejoras a los demás, de modo que toda la comunidad se beneficie.
Sería interesante practicar un estudio contextual y sistemático sobre cuantas de estas libertades podemos ejercer respeto al contexto urbano, y sobre todo respeto al espacio público.Por ahora es suficiente reconocer que el código urbano se basa en estereotipos impuestos e inaccesibles para los usuarios. Frente a las innumerables grietas en los sistemas urbanos, hay que poner en discusión este modelo y dirigirlo hacia estructuras antidogmáticas que permitan un real control democrático, la evolución del código y su adaptación a los contextos.Una imagen muy eficaz propuesta por Castelnovi (1980) propone el pasaje de un sistema basado en el valor de cambio del código urbano, en atribuciones de valor (y significado) homologadas e impersonales, a un sistema basado en el valor de uso del signo. En este caso se fomentaría la interpretación crítica, en la que, libre de las imposiciones y de la centralización el ciudadano tome un papel activo en la lectura y en la producción del código.
Abrir el código. El Proyecto Plaza de las Artes.
Trabajamos en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. En el barrio de Villa Coronilla, en la zona sur oeste de la ciudad. A pesar de haber sido el corazón de la primera fundación de la ciudad, en el siglo XVI, el barrio conoció en el tiempo una progresiva marginalización. Las actividades de procesamiento de la carnes, con los problemas higiénicos que conllevaban fueron los primeros impulsores de un proceso de degradación del barrio, al que siguió una mal integrada oleada de inmigración de procedencia rural, la instalación de prostíbulos y de colectivos marginados.La etiqueta de zona roja sigue afectando la identidad y la percepción de un barrio que, por historia y posición contiene, de forma latente, un enorme potencial de rescate.
Hoy el barrio de Villa Coronilla sufre varias patologías de tipo higiénico y ambiental, urbanístico y social.Se caracteriza sobre todo como un espacio de exclusión. Su posición en el imaginario colectivo de Cochabamba lo hace cada vez más aislado, y a la vez la fragmentación social y la ausencia de una identidad comunitaria basada en un imaginario positivo hace que no exista un código común sobre el que basar la convivencia y el uso responsable de los recursos.La iniciativa individual y centrada en intereses particulares representa el sistema de reglas fundamental aceptado en el barrio, lo que genera una profunda exclusión de los vecinos respeto a las decisiones sobre los recursos comunes, a la vez que una posición de pasividad respeto a las decisiones impuestas por el poder central.
Aprovechamos la oportunidad de intervenir físicamente el el corazón del barrio, la Plaza de los Arrieros y en sus alrededores, para fomentar el debate y la reflexión sobre el futuro de Villa Coronilla. La Plaza de las Artes, que nacerá de este proyecto de diseño colectivo constituirá la primera huella de un proceso de resignificación del contexto, que se apoya en una general estrategia pública de recualificación de la zona sur oeste de la ciudad.
Las objetivos del proyecto, por lo tanto se quieren enfocar en cuatro ejes:-activar la reconstrucción de un sentido de pertenencia comunitario.-dinamizar procesos de recualificación del ambiente urbano.-generar dinámicas de apropiación, respeto y uso responsable de los recursos comunes.-fomentar el uso del espacio público como lugar de encuentro, expresión y puesta en valor de la diversidad.
El proceso de realización de los objetivos estratégicos, en un contexto basado en la exclusión del individuo y en la atrofia del poder de la colectividad, debe por lo tanto seguir dos pasos fundamentales:-la producción colectiva de un código común y abierto.-la construcción de unas prácticas de acción sobre el código.
Nos proponemos generar un micro sistema urbano basado en las cuatro libertades fundamentales del software libre. Contribuir al nacimiento de un sistema urbano evolutivo, autoproducido y autogestionado, donde la iniciativa individual responsable sea uno de los principios fundativos de una colectividad avanzada, madura y capaz de valorar el encuentro entre diversidades.Queremos que el arte y la cultura formen las bases para la producción del código común en el barrio. Que representen por un lado el instrumento para la comprensión de la complejidad del ambiente urbano, y por otro el eje privilegiado para el desarrollo del contexto hacia una sociedad integrada, responsable y consciente de sí misma.
Producción colectiva del código.
Es necesario, antes que todo, que el código sea un patrimonio de todos, accesible y comprensible. Es fundamental hacer que la colectividad salga de su estructura espumosa, hecha de miles de burbujas incomunicadas y que empiece a visualizar la perspectiva de un bien común. En los próximos meses, en Villa Coronilla se desarrollará un proceso masivo de autoanalis barrial, hecho de talleres de sensibilización y concienciación, de estudio del contexto y de propuesta participativa. El trabajo se desarrollará en el laboratorio-exposición en los espacios del mARTadero. En ese espacio se formará un pequeño urban center, abierto a las visitas y a la participación de los vecinos del barrio. Se organizarán safaris en el espacio urbano, talleres de audiovisuales para el análisis urbanístico, talleres para la generación de visiones de futuro, trabajos colectivos de experimentación de prácticas de sostenibilidad, de reciclaje y reuso de materiales y espacios.
Arquitectura 2.0La plataforma de gestión del proyecto se basa en la corresponsabilidad y en la participación, en la dimensión presencial y virtual, a través de un uso responsable de las potencialidades y de los principios de las nuevas tecnologías.La apropiación del muro de la expresión, un espacio abierto a las aportaciones de los vecinos se unirá a una plataforma web que permita la puesta en valor de las opiniones y de las contribuciones de los vecinos de Villa Coronilla.Se generará una infraestructura multimedial para que los flujos de comunicación entre vecinos, equipo del proyecto y poder político puedan ser rápidos y eficaces.
Arquitectura de Código Abierto.Cómo se puede hacer que la intención de un espacio cuyo código sea abierto, comprensible y modificable se concretice y se convierta en arquitectura? Cómo se realiza esa hibridación entre lo material y la información? Cómo se puede llegar a una arquitectura contextual, evolutiva, abierta para usos y significados distintos?
Una de las claves está en el pasaje mencionado antes de un sistema basado en el valor de cambio a uno basado en el valor de uso.Una vez que un objeto arquitectónico se desnuda del aura de las connotaciones sociales que se le atribuyen, podemos establecer nuestra relación de uso con él, libres de cambiar de actitud, de opinión, y sobre todo de intervenir sobre él para que responda de la mejor forma a nuestras necesidades y a las de la comunidad con la que compartimos su uso.En un espacio libre de imposiciones de código, hechas por la apropiaciones de individuos para fines personales o por parte del poder público, resaltan sus características intrínsecas y su adaptabilidad a nuestras finalidades. Podemos subir en la cima de un árbol, descansar a la sombra en sus pies o usar su madera para construir muebles. Un espacio natural no nos impone sus posibles usos, sino nos ofrece unas características que se pueden adaptar a diferentes usos. Justo el caso del verde público nos enseña un caso paradójico sobre como en el ambiente urbano, incluso un elemento potencialmente de código abierto como la vegetación se vincula a una definición funcional impuesta y cerrada. El arbolado en una avenida tiene una función estética, y cualquier uso alternativo sería considerado una transgresión respeto a las normas sociales que han determinado dicho uso.
Una arquitectura urbana de código abierto, por lo tanto, debe respetar seis principios básicos:-ser de facil legibilidad.-simplificar la apropiación por parte de los usuarios.-generar usos creativos y personales.-favorecer su reuso, el reciclaje y la transformación.-ser objeto de una gestión colectiva.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de transito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempo inmemorable.A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
Una micropráctica de arquitectura de código abierto.Proponemos en este párrafo unos primeros apuntes que identifican unas delimitaciones funcionales y, fundamentalmente, una fuerte intención de construir espacios abiertos, basados en la intersección de prácticas, en la hibridación de usos y en la producción constante y estratificada de significados.Es fundamental para eso fomentar las prácticas de comunicación en el barrio, y hacer que la Plaza de las Artes sea el soporte central para la interacción entre las personas y entre los flujos de mensajes.Se genera una infraestructura para el desarrollo, la puesta en escena y la exposición de las diferentes disciplinas artísticas, para favorecer un sistema de producción colectiva de cultura. Por otro lado se pone a disposición de la población un espacio lúdico y deportivo, que fomente la agregación entre vecinos. Se realizará un espacio de gestión interinstitucional de la plaza y del barrio, para que el mapa del poder del Villa Coronilla, actualmente muy fragmentado, se recomponga.Finalmente, se construirá un sistema de comunicación híbrido, que adopte las herramientas de la web 2.0 y a la vez esté presente en el espacio material del barrio, con forma de carteles, marquesinas informativas y boletines barriales.Sugerimos la idea de un ambiente con una definición funcional mínima o nula, capaces de organizar las presencias, los flujos de uso y de tránsito sin imponer reglas interpretativas a los usuarios. Con el asamblaje de elementos funcionales arquetípicos intentamos volver a un espacio público que ofrece posibilidades antes de imponer usos.Volvemos al ángulo recto que forma una grada donde sentarse, al plano que ofrece un apoyo, el plano inclinado que genera una relación jerárquica entre dos puntos, a la senda, al margen, a la pared-pantalla como espacio de expresión.Los elementos más representativos de esta voluntad son las colinas del encuentro, un sistema de terrazas verdes que va a ocupar la zona frontal de la plaza. Son unos objetos básicos desde el punto de vista proyectual. Unas terrazas como las que el hombre siempre ha realizado con simple movimiento de tierra para facilitar el cultivo en zonas de montaña. El paisaje Andino conoce bien ese tipo de elemento desde tiempos inmemorables.A través de elementos de tan fácil lectura, podemos compartir un código mínimo con los usuarios, podemos hacer que los objetos establezcan relaciones abiertas e imprevisibles con ellos. Podemos esperar que la plaza evolucione a la vez que su entorno.
